domingo, 17 de noviembre de 2013

Conocerme

Conocerme.

Mi mayor anhelo, mi meta es la felicidad. Pero, ¿qué es exactamente la felicidad? Más concretamente, ¿qué o cómo sería mi felicidad? Un tiempo creí que mi felicidad sería lograr ciertas metas: chicas o grandes, a corto o a largo plazo, positivas o negativas, lograr o superar algo. Es decir, una sucesión de buenos momentos y bellos sentimientos. Me conformé con esa idea y pretendí vivir así. Pero la alegría, la satisfacción, el orgullo, el insano placer de una venganza y cualquier otra sensación, emoción o sentimiento que tuve al lograr una meta, fueron fugaces, se diluían rápidamente y terminaban por irse al cajón de los bellos recuerdos o al del olvido. Paradójicamente, la lucha por lograr mis metas, la prisa, la urgencia y el miedo a fracasar en conseguirlas, me provocaban emociones negativas e infelicidad la mayor parte del tiempo. Mientras perseguí metas, viví en un estado de infelicidad constante salpicado de algunos momentos dichosos. Ahora busco lo contrario: un estado de felicidad constante salpicado de buenos y malos momentos, ya que los momentos tristes o desagradables serán inevitables.

El único responsable de mi felicidad o infelicidad soy yo. No depende de nada ni nadie fuera de mí. Aún cuando entiendo racionalmente esta verdad, mi conciencia infantil quiere hacer responsable al destino, a las circunstancias, a los demás o a lo que sea. Es mucho más fácil y cómodo, explica y justifica todo; pero sobre todo, dirige mi atención hacia afuera, donde nada puedo hacer. Esta postura de víctima, de otros o de las circunstancias, me aleja aún más de la felicidad. Así que me resultó necesario aceptar la responsabilidad de mi propia felicidad. Hacerlo, aligera la carga de los demás y me permite también a renunciar a ser el responsable de la felicidad de otros.

El camino a mi felicidad implica, necesariamente, conocerme. Conocer qué es lo que me hace feliz, qué es lo que me impide ser feliz y cómo lograré la felicidad. Como todo camino, hay un punto inicial y uno final. En este caso el destino es el yo feliz que deseo, mientras que el sitio de partida es mi realidad actual. Quiero descubrir y aceptar la realidad de lo que soy, no de lo que creo que soy. Quiero reconocer y enfrentar mis partes deseables e indeseables. Quiero asumir la vergüenza de no ser quien siempre dije ser para encontrar mi verdadero yo. Quiero superar el miedo a no gustar de mí. Entiendo que este camino de auto-descubrimiento jamás terminará y eso es lo maravilloso de este camino.

Conocerme es esencial, porque no puedo superar, corregir y, mucho menos, amar lo que no conozco. Quiero conocer qué significan mis sentimientos, mis pensamientos y mis actos. Quiero alinearlos en una sola dirección, sumándose no anulándose entre ellos. Quiero honestidad para que mis pensamientos sean rectos, bondad para que mis deseos y actos tiendan al bien y compasión para que mis sentimientos puedan fluir y expresarse libremente.

También es esencial conocer las causas de mi infelicidad para poder eliminarlas. Conocer el mal que está dentro de mí, oculto en las sombras y que matiza mis actos. Incluso aquellos actos que pueden considerarse bondadosos o correctos pueden estar motivados por sentimientos negativos como vanidad u orgullo, contaminándolos. Si los sentimientos negativos no estuvieran dentro de mí, aquellos que provienen del exterior no me tocarían, no provocarían las diversas reacciones que hoy me suceden.

Para obtener la felicidad debo pagar el precio de trabajar en buscar, reconocer, aceptar, asumir, respetar y cambiar mis sentimientos que no se dirijan al amor, mis deseos que no se dirijan a la bondad y mis pensamientos que no se dirijan hacia la verdad. Esto implica la revisión honesta y bondadosa de ellos. Quiero romper las cadenas que impiden mi crecimiento.

Algunos de los obstáculos que enfrentaré constantemente que me pueden alejar del camino son mis auto-engaños, mis falsas esperanzas, mis prisas y ansiedades, mis vanidades, mis miedos, mi orgullo y mi voluntarismo. Quiero reconocer cuándo estoy desviándome del camino. Hago esto sin promesa alguna de obtener amor, dinero o salud. Quiero hacer esto por mí mismo, por el sincero deseo de conocerme y ser feliz.

Frecuentemente he tenido roces y conflictos con los demás. Tales conflictos no son sino conmigo mismo. Con la parte mía que reacciona al estímulo que proviene del otro. Si no existiera esa parte dañada en mí que reacciona, jamás habría establecido un conflicto en primera instancia. En esos momentos, mis reacciones pudieron haber lastimado al otro, consciente o inconscientemente, lo hice porque en mi propia inseguridad pensé que era la única forma de enfrentar la situación. Y cuántas veces no repetí una respuesta similar en situaciones similares o enteramente distintas, con la misma persona o con otras personas, aún cuando la situación e intención fuera completamente distinta.
Cuanto más temeroso y desprotegido, necesariamente opté por respuestas emocionales desproporcionadas. En la medida que conozca mejor mis propios recursos y de aprenderlos a manejar, podré abandonar las reacciones negativas desproporcionadas ante los estímulos.

Así como existe un dolor profundo en mí, existe un dolor igual en los demás, ya sea oculto o expresado abiertamente. Mis reacciones y las reacciones del otro provienen muchas veces desde ese estado de dolor. Aceptar y entender mi propio dolor me permite aceptar y entender el dolor del otro, sus miedos y su inseguridad. La verdad de mis relaciones es que de ambos lados,  los otros y yo, nuestras acciones están determinadas por núcleos dolorosos y las respuestas que hemos aprendido a dar para protegernos. Reconocer y respetar mi vulnerabilidad es también reconocer y respetar la vulnerabilidad del otro. Entender que tanto mis actos y los actos de los demás no son necesariamente conscientes me libera del sufrimiento y la culpa por ellos y me permite detenerme o detener al otro para evitarlos. El entendimiento de mí necesariamente lleva al entendimiento de los demás. El entendimiento es empatía y la empatía es el camino al amor.

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